Decidir si necesitamos acudir al psicólogo no siempre es fácil.

Muchas personas pasan meses pensando que quizá lo que les ocurre no es tan importante, que deberían poder solucionarlo por sí mismas o que todavía no están “lo suficientemente mal” como para pedir ayuda.

A veces incluso sabemos que algo no va bien, pero no conseguimos ponerle nombre.

Puede que estemos más irritables, que nos cueste dormir, que pensemos demasiado, que estemos constantemente preocupados o que ya no disfrutemos de las cosas como antes. Y aunque seguimos haciendo nuestra vida, sentimos que algo ha cambiado.

Entonces aparece una pregunta bastante frecuente:

¿Cómo sé si realmente necesito ir al psicólogo?

No existe una respuesta que sirva para todo el mundo. No es necesario tener un diagnóstico ni estar atravesando una situación grave para acudir a terapia. La atención psicológica también puede ayudarnos a comprender lo que nos está ocurriendo, prevenir que un malestar se mantenga y aprender nuevas herramientas para afrontar determinadas situaciones.

¿Tengo que estar muy mal para ir al psicólogo?

No.

Uno de los motivos por los que algunas personas tardan en pedir ayuda es pensar que acudir a terapia significa que existe un problema grave.

Sin embargo, podemos acudir al psicólogo por muchos motivos diferentes.

Quizá llevamos un tiempo sintiéndonos mal y no sabemos por qué. Quizá estamos atravesando un cambio importante. Puede que una relación nos esté generando sufrimiento, que tengamos dificultades para gestionar determinadas emociones o que llevemos demasiado tiempo exigiéndonos más de lo que podemos sostener.

También puede ocurrir que aparentemente todo esté bien, pero nosotros no nos sintamos bien.

No hace falta esperar a tocar fondo para pedir ayuda.

La terapia puede ser un espacio para comprender qué está pasando antes de que el malestar termine ocupando cada vez más espacio en nuestra vida.

10 señales de que quizá sea un buen momento para pedir ayuda psicológica

No es necesario que te identifiques con todas ellas. A veces, reconocer una o varias de estas situaciones puede ser suficiente para plantearnos si necesitamos acompañamiento.

1. Llevas tiempo sintiéndote mal y no consigues que cambie

Todos podemos tener épocas difíciles. El problema aparece cuando el malestar se mantiene durante semanas o meses y sentimos que, aunque intentamos encontrarnos mejor, seguimos en el mismo punto.

Puede ser tristeza, ansiedad, apatía, irritabilidad, preocupación o simplemente una sensación de no estar bien. A veces nos acostumbramos tanto a sentirnos así que terminamos pensando que “somos nosotros”. Pero sentirnos mal durante mucho tiempo no significa que tengamos que acostumbrarnos a vivir de esa manera.

2. Tu forma de pensar está interfiriendo en tu día a día

Quizá le das muchas vueltas a las cosas, anticipas constantemente lo que puede ocurrir o repasas una y otra vez conversaciones y situaciones que ya han pasado.

También puede aparecer una autocrítica constante:

  • “Lo podría haber hecho mejor.”
  • “Seguro que piensan mal de mí.”
  • “No soy capaz.”
  • “¿Y si ocurre algo?”

Cuando estos pensamientos ocupan una parte importante de nuestro día, pueden terminar generando mucho cansancio emocional. La terapia puede ayudarnos a comprender estos patrones y a aprender a relacionarnos de otra manera con nuestros pensamientos.

3. La ansiedad está empezando a limitarte

La ansiedad no siempre aparece como una crisis intensa. Puede manifestarse como preocupación constante, tensión, dificultades para dormir, sensación de estar siempre alerta, problemas para concentrarte o necesidad de tener todo bajo control.

Una señal importante es cuando empiezas a modificar tu vida para evitar sentir ansiedad. Dejas de hacer determinadas cosas, evitas situaciones, pospones decisiones o necesitas sentirte completamente seguro antes de actuar. Cuando la ansiedad empieza a decidir por nosotros, merece la pena pedir ayuda.

4. Tus emociones te desbordan o te cuesta mucho gestionarlas

Hay momentos en los que podemos sentir que nuestras emociones son demasiado intensas. Nos enfadamos más de lo que querríamos, lloramos con facilidad, sentimos mucha angustia o pasamos rápidamente de una emoción a otra.

También puede ocurrir lo contrario: sentir que estamos desconectados de lo que nos pasa y no saber muy bien qué sentimos. La regulación emocional no consiste en dejar de sentir. Consiste en poder reconocer lo que nos ocurre y encontrar formas de gestionarlo sin que nuestras emociones terminen controlando nuestra vida.

5. Tus relaciones están generando mucho sufrimiento

Las dificultades en las relaciones son uno de los motivos que pueden llevarnos a buscar ayuda psicológica. Puede que tengas discusiones frecuentes con tu pareja, que te cueste confiar, que tengas mucho miedo a que te abandonen o que necesites constantemente la aprobación de los demás.

También puede suceder que te resulte muy difícil poner límites, decir que no o expresar lo que necesitas. En ocasiones, repetimos determinados patrones en nuestras relaciones sin comprender muy bien de dónde vienen. La terapia puede ayudarnos a entender esos patrones y a construir relaciones más equilibradas.

6. Te cuesta poner límites y acabas haciendo cosas que no quieres

Decir que sí cuando queremos decir que no puede parecer algo pequeño. Pero cuando ocurre constantemente, puede acabar generando agotamiento, frustración y resentimiento.

Quizá aceptas favores aunque no tengas tiempo, evitas expresar que algo te ha molestado o modificas constantemente tus necesidades para evitar conflictos. Si poner límites te genera mucha culpa o miedo a decepcionar a los demás, puede ser interesante trabajar qué hay detrás de esa dificultad.

7. Has vivido una experiencia difícil y sientes que todavía te afecta

Hay experiencias que pueden continuar influyendo en nosotros incluso cuando ha pasado tiempo. Una ruptura, una pérdida, una enfermedad, un accidente, una experiencia traumática, una relación complicada o una etapa de mucho estrés pueden dejar una huella emocional.

A veces pensamos: “Eso ya pasó, debería haberlo superado.”

Pero el hecho de que haya pasado tiempo no significa necesariamente que la experiencia esté elaborada. Si notas que determinados recuerdos, situaciones o emociones siguen afectando a tu presente, pedir ayuda puede ser un paso importante.

8. Has dejado de disfrutar de cosas que antes te hacían bien

Otra señal a tener en cuenta es notar que hemos perdido interés por actividades que antes disfrutábamos. Puede que quedemos menos con nuestros amigos, que no nos apetezca salir, que nos cueste empezar actividades o que sintamos que todo nos da igual.

No siempre significa que exista un problema psicológico, pero si este cambio se mantiene y empieza a afectar a nuestra vida, merece la pena prestar atención.

9. Sientes que estás funcionando en automático

Hay personas que continúan cumpliendo con todo lo que tienen que hacer, pero sienten que están funcionando únicamente por inercia. Trabajan, cumplen sus responsabilidades, atienden a los demás y aparentemente todo sigue igual. Pero por dentro sienten cansancio, desconexión o una sensación de vacío.

A veces no esperamos ayuda porque pensamos:

“Si puedo seguir haciendo mi vida, entonces no me pasa nada.”

Y no necesariamente es así. Podemos seguir funcionando y, al mismo tiempo, necesitar un espacio para entender cómo nos encontramos.

10. Sientes que necesitas hablar con alguien, aunque no sepas exactamente qué te pasa

Esta quizá sea una de las señales más importantes. No siempre necesitamos llegar a consulta sabiendo exactamente cuál es nuestro problema.

Puedes acudir al psicólogo diciendo: “No sé qué me pasa, pero no me encuentro bien.”

Y eso también es un motivo de consulta válido. Parte del proceso terapéutico consiste precisamente en explorar qué está ocurriendo, comprenderlo y establecer objetivos que tengan sentido para ti.

¿Y si no sé qué contar en mi primera sesión?

Es una preocupación bastante habitual. Algunas personas piensan que tienen que llegar a consulta con todo explicado, saber cuál es el problema o incluso tener claro qué necesitan trabajar. No es necesario. La primera sesión también sirve para conocernos, explicar qué te ha llevado a pedir ayuda y empezar a explorar lo que estás viviendo.

Puedes emocionarte, no saber por dónde empezar, tener dudas, incluso decir: “No sé muy bien por qué estoy aquí, pero siento que necesito ayuda.”

A partir de ahí iremos dando sentido a lo que está ocurriendo.

¿Acudir al psicólogo significa que tengo un problema?

No necesariamente. Ir al psicólogo no significa que haya algo “mal” en ti. En muchas ocasiones significa que existe una situación que quieres comprender mejor o una forma de afrontar las cosas que ya no te está funcionando.

La terapia puede ayudarnos a conocernos mejor, desarrollar recursos, mejorar nuestras relaciones, gestionar emociones difíciles y afrontar determinadas etapas de nuestra vida.

Pedir ayuda no es una señal de debilidad. También puede ser una forma de cuidarnos.

¿Cuándo debería pedir ayuda psicológica?

Una buena pregunta no es únicamente: “¿Estoy lo suficientemente mal para ir al psicólogo?”

También podemos preguntarnos:

  • ¿Cuánto tiempo llevo sintiéndome así?
  • ¿Está afectando a mi sueño?
  • ¿Está interfiriendo en mi trabajo o estudios?
  • ¿Está afectando a mis relaciones?
  • ¿Estoy dejando de hacer cosas importantes para mí?
  • ¿Estoy intentando solucionarlo por mi cuenta y no está funcionando?
  • ¿Siento que este malestar está ocupando demasiado espacio en mi vida?
  • ¿Quiero entender mejor lo que me está ocurriendo?

Si te reconoces en varias de estas preguntas, puede ser un buen momento para buscar orientación profesional. Y no necesitas esperar a que la situación empeore.

¿Cómo puede ayudarte la terapia psicológica?

El objetivo de la terapia no consiste únicamente en hacer desaparecer un síntoma.

En función de cada persona, podemos trabajar para comprender qué está manteniendo el malestar, identificar patrones de pensamiento y conducta, aprender estrategias de regulación emocional, mejorar las relaciones y desarrollar recursos que permitan afrontar las dificultades de una manera diferente.

En NL Psicología, centro de psicología en Albacete, trabajamos desde una perspectiva integradora, adaptando el proceso terapéutico a las necesidades y circunstancias de cada persona.

Integramos diferentes herramientas psicológicas, entre ellas la terapia cognitivo-conductual, ACT, el trabajo con trauma y apego y, cuando está indicado, EMDR.

No todas las personas necesitan lo mismo y por eso consideramos importante realizar una valoración inicial antes de establecer cómo abordar cada proceso.

No tienes que esperar a estar peor para pedir ayuda

A veces esperamos a que el malestar sea insoportable para permitirnos pedir ayuda.Esperamos a dormir mal durante meses, a que la ansiedad nos limite, a que una relación se deteriore o a sentir que ya no podemos seguir funcionando como antes. Pero pedir ayuda antes también es una opción.

No necesitas tener todas las respuestas para empezar una terapia.

A veces basta con reconocer que algo no está funcionando como te gustaría y darte un espacio para comprenderlo.

¿Estás pensando en acudir al psicólogo en Albacete?

Si llevas un tiempo sintiendo que algo no va bien, pero no sabes exactamente qué necesitas, podemos ayudarte a explorarlo.

En NL Psicología, somos un equipo de psicólogas en Albacete y ofrecemos un espacio cercano, profesional y confidencial para trabajar aquello que te preocupa.

Solicita tu primera cita y empezamos a comprender juntos qué está ocurriendo.



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